En un acto de feminismo genético, decidí nacer gata, así que mezcle tres colores: éste, éste y ¡si!, este mismo y así, me presenté en el mundo: pequeñita, hembra ...y gata, sabía que no tendría mucho tiempo, así que, decidí compartirlo con alguien especial y la encontré a ella.
Ella me hacía ronronear de risa, dilataba mis pupilas, con su vitalidad de gaditana luchadora y su cariño era como explicarlo, mmmmmmmmmmmm: ¡nepeta en vena!.
El domingo tuve que alejarme un poquito de Cádiz, pero no estés triste porque ¡no pensarás que me he ido!, yo estaré siempre contigo, encontraré la manera de hacerlo con inteligencia impredecible, de gata callejera:

Te he dejado de regalo mil cariños, un centenar de topeteos y dos mil doscientos cuarenta y tres, besitos felinos, los tienes justo ahí, a tu lado dentro de Lely y Gordo, para que los cojas cuando quieras.
Aquí soy muy feliz pero me escaparé como buena gata para estar contigo, con la presencia discreta y elegante que sólo las buenas gatas saben regalar.
Dicen que los gatos son ariscos y no conocen a sus dueños, es verdad, a sus dueños jamás pero a una AMIGA, a una compañera, no la olvidan ni abandonan jamás, se quedan junto a ellas, con cabezonería implacable sólo apta para gatos, y si la vida decide abandonarlas, a ellas no les importa, la miran con su inmenso descaro y le maullan: Vete tú, que yo me quedo.
Mientras escribo estas palabras yo tambien siento que me miran y lo hacen descaradamente con las pupilas soleadas de mi gata Cristi, a ella hace años el destino le mandó marcharse, pero es tan gata que nadie le manda, así que desobedece esa estúpida orden de la vida por instinto felino y nos visita, lo hace en forma de recuerdo alocado y alegre como su pequeño paso por la vida, un paso con patitas de perfectas almohadillas, un paso demasiado pequeño incluso para ella, esa cachorrita inmensamente Grande.
Para Rosi y para todas las personas, que han tenido la valentía de querer de verdad a su amig@ de cuatro patas, arriesgándose a sufrir como sólo se sufre cuando se ha querido con el corazón latiendo al ritmo de un ronroneo gatuno.
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