Dónde está mi Yaki era el juego favorito de nuestro perro, desde cachorrito le encantaba esconderse en lugares tiernamente visibles: detrás de la cortina asomando su colita, tras la misma puerta de siempre o bajo una mantita…


nosotr@s con exagerada interrogación decíamos ¿y mi Yaki dónde estará? Y gritábamos en descontrolada búsqueda por toda la casa : ¡Yaki! ¡Yaki! él se ponia con su característica alegria nerviosa y nosotras fingiamos desesperación ¿dónde estará mi perro? Hasta que de momento nos ladraba su escondite e íbamos todas a la vez y riendo coreábamos :¡Aquí está mi Yaki!. 
Hoy (11/07/010) cuando se cumple un año desde que Yaki se marchó recordamos más que nunca su juego favorito y nos preguntamos ¿Dónde está mi Yaki?, al igual que entonces mi perro se sigue escondiendo en lugares de inocente evidencia donde sabe que lo encontraremos fácilmente. 
Yaki está en el recuerdo de mi hermana Sandra quien creció junto a él vestida de comunión con él a su lado ayudando aún más nervioso que ella a abrir los regalos porque cuando despertó de aquel sueño reparador que le libró por fin de la maldita artrosis lo primero que hizo fue volver a recogerla del cole y mueve su rabito nervioso de alegría cuando la oye reir porque le recuerda a sus risas de cachorro a cachorra.

Nos espera en la meláncolica mirada de mi gata Lola cuando se queda mirando a la puerta esperando el regreso de quién la acogió como un padre desde el primer día que llegó a casa,
a veces se queda mirando tranquila y confiada
entonces sé que lo está mirando porque él viene a darle un besito perro-gata de esos que tanto le gustaban.

Se encuentra en el pasado furtivo de mi madre dándole de comer a escondidas aquello que no podía ni probar porque estaba demasiado gordito para su artrosis a Yaki le gusta esconderse en aquella complicidad tiernamente secreta entre él y “su abuela”.
Nuestro perro se esconde en la inteligente presencia de su mejor amigo Terry quién con su profunda mirada nos ha consolado con discursos que han salido de su corazón canino y que nos han llegado al alma porque sabemos que viene de quién fue su mejor amigo.

Suele aparecer por sorpresa en uno de los mejores regalos que nos dejó: la amistad de Jesús ya que primero se hicieron amigos nuestros perros y su amistad desencadenó la nuestra sabemos que Yaki lo eligió y nos lo dejó de regalo porque si mi perro se reencarnara en una persona sería sin duda en Jesús.
YAKI ESTÁ EN MIS SUEÑOS...
donde aparece a veces por sorpresa y se queda un ratito conmigo dejándome su alegría clavada en el corazón la misma con la que bajé las escaleras cuando mi madre llamó al telefonillo aquel privilegiado día y nos dijo que traía un perro
y siento por un instante la misma ternura que cuando lo cogí en brazos y al instante sentí que él sería mi mejor amigo.
Se esconde tambien en la ausencia de aquellos que se van marchando después que él, los espera para recibirlos con su gentileza belga alemana, así ha actuado de San Pedro canino con Sigui, Chispa, Ñuco, Josu, Kayla, Cani, Cora, Chimo, Bobi, yaki grande, Tango, Cheli, tu querida wanda, de quien estabas tan enamorado hasta que ella se fue a vivir a Madrid, etc… que ahora juegan incansables junto a él.

Vive en la mirada ilusionada de nuestra eterna cachorrita Cristi cuando lo vió aparecer por el cielo animalista y corrió a lavar su cara llevándose en cada lametón todos los besitos que le mandamos para ella…

Yaki se esconde en el recuerdo de su carita moviéndose atenta y expectante ante la pregunta: Yaki ¿vamos a la Caleta?

Aparece por sorpresa en su playa haciendo boquetes
y bañándose descaradamente sin censura y sin artrosis.



Está en cada lágrima que furtiva recorre nuestra cara cuando lo recordamos y nos damos cuenta que no podemos correr a abrazar su peludo cuerpo, bromear con su característico labio sobrante ni mirar sus ojos caramelo.
Sobre todo Yaki se esconde en el amor de quién él escogió como dueña
y durante más de catorce años demostró que este belga y alemán como ella orgullosa siempre decía, hizo la mejor elección regalándole mañanas de baños en su Caleta,
fresquitos cortes de pelo cada verano,
interminantes paseos gaditanos
porque Cristina cumplió su sueño de ser madre con él
y así Yaki nunca se sintió mascota porque siempre fue hijo, sobrino, hermano, amigo…
Este juego de escondite dura un poco más de lo que solía hacerlo... pero como siempre un día terminará la búsqueda y podremos gritarle con alegre entusiasmo : ¡Aquí está mi Yaki! Y lo abrazaremos fuerte como nunca para correr con él felices entre sus evidentes escondites para no separarnos jamás.
¡!! TE ECHAMOS DE MENOS !!!!
Video dedicado a yaki: